Etapas del proceso creativo VI y VII: La primera version de guion y la reescritura

Hace un par de artículos escribí sobre El Desarrollo de la trama donde expliqué cómo después de trabajar con una sinopsis larga, sería una buena herramienta utilizar tarjetas para desarrollar toda la estructura de una historia. Es una forma muy visual de darte cuenta si los puntos de giro de tu historia flojean en algún momento.

Recordemos que jugar con la tensión, con los objetivos y las fuerzas antagónicas, las oposiciones que sufre nuestro protagonista, son la verdadera clave para mantear al espectador sentado en la silla sin moverse, ya sean éstos, objetivos y fuerzas opositoras de carácter externo o interno. No siempre, cuando hablamos de objetivos y oposiciones nos estamos refiriendo a inputs externos. En una historia de personajes también podemos trabajar esos objetivos y oposiciones de una forma más interna, como por ejemplo ocurre en American Beauty (1999) de Sam Mendes.

El siguiente paso, entonces, cuando ya hemos revisado nuestra sinopsis y trabajado con las tarjetas de estructura podemos empezar a escribir nuestra Primera versión de guion.

guion largo
Cidadano Kane (1941) de Orson Welles

El método clásico que te sugerirían en cualquier escuela de cine norteamericana sería que escribieras todo el guion sin ningún tipo de diálogo. Cuando estudié cine en Nueva York no nos dejaron utilizar diálogos hasta el último proyecto del curso.

Yo venía de haber estudiado cine en España, había estado rodando algún que otro corto y había ya trabajado como ayudante, en rodajes profesionales con directores muy reconocidos. El hecho de que no me dejaran utilizar diálogos, para mi significaba un paso atrás, una pérdida de tiempo, y mi carácter reivindicativo hizo que mi primer ejercicio rodado ahí, donde como decía estaban vetados los diálogos, lo acabara llamado “Dialogue” (diálogo).

Decidí poner a dos personajes enfrentados y que mantuvieran un “diálogo” a través del movimiento de sus pestañas jugando con sobras proyectadas en una pared. Mi profesor de aquel entonces, al que no le hizo ninguna gracia el título, que evidentemente no fue gratuito, y teniendo que aguantar mi insolencia, cabezonería y sí, también, cierta soberbia por mi parte, a pesar de todo eso, valoró positivamente el ejercicio.

Ahora sé la paciencia que tuvo que tener conmigo, porque he de reconocer que ese ejercicio me dio una muy buena lección: consiguió agudizar mi ingenio. Yo, que estaba dispuesta a escribir un diálogo a toda costa, creo que conseguí transmitir, solo con imágenes, el discurso que se me había denegado. Entendí entonces por qué del ejercicio, por qué no utilizar diálogos hasta no dominar a la perfección el lenguaje visual, hasta que realmente toda la historia esté completamente desarrollada, contada en imágenes, y es que de lo contrario se tiende siempre a escribir diálogos explicativos, conversaciones de ascensor, diálogos con infinidad de “paja”, diálogos que no realizan su verdadero cometido: ayudar a hacer avanzar la historia.

Pero por otra parte, todavía viviendo en Nueva York, asistí a una conferencia donde se hablaba de la escritura del guion, sí, pero también del proceso creativo y la recomendación era totalmente la contraria. Y es que nosotros, los guionistas, como creadores, tampoco podemos coartar nuestra inspiración. Yo por lo menos trabajo mucho por impulsos, y cuando ”tu musa” te llama, no puedes no escucharla.

guion largo
Meshes of the Afternoon (1943) de Maya Deren

Así que ahí va mi consejo para a quien le sirva: haced un mix. Yo siempre sugiero dejar todos los diálogos para el final, escribirlos cuando ya estén planteadas todas las escenas, tramas, subtramas, cuando toda la estructura esté completamente trabajada, pero si se os ocurre un buen diálogo, si tenéis alguna idea maravillosa escribidla, escribir ese diálogo, monólogo, lo que se os haya ocurrido, dejadlo a un lado y ya veréis si finalmente lo usáis tal cual o necesitáis pulirlo, pero no podemos coartar la creatividad, hay que confiar en el proceso. Todas y cada una de las ideas que se os ocurran, aunque no estén planteadas en la sinopsis, las tarjetas, aunque no tengan nada que ver con los puntos de giro con los que habéis trabajado, escribidlo de todos modos. Utilizad carpetas de trabajo, archivos varios y «vomitad» todo aquello que creáis que os puede servir en algún momento. Siempre hay tiempo para desecharlo.

Eso nos lleva a la última y más importante etapa a la hora de escribir un guion: La reescritura. Sí, esa etapa que todos intentamos rehuir, yo no conozco todavía a ningún guionista que no le de cierta pereza este proceso, pero que es sumamente importante realizar.

guion largo

Por lo general, para que os hagáis una idea, sin proponérmelo si quiera, mis versiones de guion rondan más o menos entre las siete u ocho reescrituras. He llegado incluso, en mi guion de largometraje Myths, en su quinta versión, a cambiar por completo a uno de mis personajes principales: pasó de ser la novia del protagonista a su hermana melliza. 

Imaginad el cambio tan brutal que le di a ese guion. Todas las escenas entre ambos personajes tuvieron que cambiar, la relación no era ya la misma, evidentemente, pero es que en mi quinta versión me di cuenta de que algo no funcionaba, no tenía muy claro el qué y de repente, supe que me había empeñado en que mi protagonista tuviera una pareja y eso no funcionaba, funcionaba muchísimo mejor la relación entre hermanos y además hermanos mellizos porque eso le daba mucha mayor intensidad a la historia que quería contar.

No tengáis miedo a los cambios, no le tengáis miedo a la reescritura, es el proceso más importante porque es ahí, donde te das cuenta de la historia que realmente quieres contar.

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