Etapas del Proceso Creativo I: La inspiración

Así escribiría yo el inicio de una película que quisiera contar mi periplo cuando me mudé a la ciudad de Nueva York con la determinación de vender un largometraje que acaba de escribir.

Mi primera tarea fue fundamentalmente encontrar a un buen traductor. Mi inglés era lo suficientemente bueno como para defenderme en la gran manzana pero no tanto como para poder traducirlo.

Tras varios intentos frustrados conseguí a la persona perfecta, no solo porque era completamente bilingüe sino porque entendió a la perfección mi historia, qué quería contar y cómo. 

Tengo que confesar que mi historia no era fácil, como diría una antiguo compañero de rodaje “Esta película es difícil de ver”, un guion un poco fuera de la norma, la mitad de los diálogos en verso donde se mezclaba una historia actual con la aparición de dioses griegos con sus respectivos coros simulando una auténtica tragedia griega. En fin, quizá EEUU no era el lugar indicado para tratar de venderlo, digamos que el marketing y yo nunca hemos llegado a ser buenos amigos…

Quedé en una cafetería de West Village con Héctor, productor, guionista y posible candidato a traducir mi guion. Mi intención era hacerle una entrevista de trabajo lo más exhaustiva posible, ya había tenido varios fracasos y no me podía permitir perder más tiempo, estaba ansiosa por empezar a trabajar, tener una versión traducida del guion y ponerme a contactar con aquellas productoras, fundamentalmente independientes, que pudieran estar interesadas en mi película.

La entrevista no fue tal y como me la había imaginado, para nada. Héctor consiguió, desde el primer minuto darle la vuelta a todo y ser él quien me entrevistara. Luego entendí por qué, y esa fue una de las primeras y grandes lecciones que aprendí en Nueva York.

Lo primero que me preguntó Héctor fue qué versión de guion era la que yo le iba a entregar para la traducción. Yo contesté que la quinta y fue ahí cuando él se relajó, recuerdo que respiró aliviado, tomó un largo sorbo de su café y sonriendo confesó: “es que muchos guionistas vienen con su primera versión, te hubiera dicho que no al trabajo, por ahorrarnos tiempo. Pero con una quinta podemos empezar a trabajar” A partir de ahí todo fue como la seda. Nuestro trabajo fue fluido y una de las mejores etapas que viví en todos los años que estuve en Nueva York.

De esa entrevista aprendí dos cosas muy valiosas: la primera es que los americanos son muy directos, prácticos y que no les gusta nada perder el tiempo, van al grano. Lo siguiente que aprendí es que hasta la quinta de versión de guion, éste, no empieza a tomar forma y no es hasta la séptima u octava versión cuando se puede empezar a decir que lo tienes acabado. Con Héctor estuvimos trabajando hasta la octava, versión que cambió muchísimo de la primera que le había entregado. Desde entonces suelo fijarme mucho en cuántas versiones llevo trabajadas en mis guiones y rara vez no se cumple esta “norma” hasta la séptima no empiezo a quedarme tranquila.

curso largometraje

En esta publicación quería empezar a hablar un poco sobre el proceso de creación, o mas bien mi proceso de creación, porque realmente no hay una sola fórmula, no existe una única manera de trabajar, cada uno tiene su proceso y lo utiliza de la mejor manera que sabe, pero también es cierto que a veces nos bloqueamos y necesitamos una guía donde apoyarnos, así que me gustaría compartir un método por si en alguna ocasión os sirve de ayuda.

Este proceso es el que trabajo en todos mis cursos de guion y sobretodo en el curso de “Escribe tu largometraje” porque es muy habitual, por no decir, inevitable, perderse mientras se está escribiendo el primer borrador de un guion.

Para hacerlo más sencillo suelo dividir todo ese proceso en 7 etapas. En una publicación anterior, Montaje Cinematográfico: La música inspiradora de historias, comenté que para mí, la música es uno de los elementos que más me inspiran, y es esa etapa la primera de todas: LA INSPIRACIÓN. ¿De dónde se saca la inspiración?, ¿cómo huir de la temida silla vacía del escritor?, ¿Cómo saber si tu historia o idea es buena?.

En esta primera etapa conviene no hacerse muchas preguntas para evitar la silla vacía y no bloquearnos, hay que dejarse llevar, esta etapa es la más mágica de todas, sabes que tienes una buena idea porque la sensación es como si alguien te hubiera susurrado algo al oído (tu musa). Muy parecido a la escena que describo al inicio de esta publicación. Abres los ojos ante una idea que hasta ese momento no tenías contemplada y ¡zas! como si alguien te lo contara, casi como si esa idea no fuera tuya, ahí está: una mancha de humedad en la pared que te revela que tienes que mudarte a Nueva York, una pieza musical que te hacer sentir alguna emoción que necesitabas reflejar en un guion, una conversación graciosa en el metro, una pelea de pareja que te da pie al inicio de una historia… El secreto es estar atentos, con los ojos, oídos y la “piel” completamente abiertos a ver, oír y sentir, tener todos los sentidos trabajando en todo momento.

Hace poco asistí a una conferencia de Fernando León de Aranoa, director y guionista al que admiro y comentó que él “¡JAMÁS!” lleva auriculares cuando camina por la calle o va en metro porque no quiere perderse ninguna conversación, ningún sonido, ninguna situación que pueda ayudar a ese proceso del que estamos hablando, la inspiración, porque todo, absolutamente todo lo que nos rodea puede ayudar a ese proceso.

En mi caso, robo frases. Entre mis amigos ya es conocido que ando con una pequeña libreta para apuntarme todo aquello que considero me puede ayudar en un futuro guion, si alguien dice algo gracioso o interesante le pido permiso para robárselo y lo apunto. Muy valioso, por ejemplo, grabar conversaciones, sin avisar, por supuesto. Os aconsejo que solo una vez grabado confeséis vuestra indiscreción para conseguir así captar esa naturalidad en el diálogo que no conseguiríais avisando de antemano. O una herramienta muy valiosa que aprendí de uno de mis maestros, Pedro Loeb, escribir rápidamente y en formato de guion en una libretita, que siempre debemos llevar a mano, esas situaciones que nos llaman la atención cuando estamos fuera de casa, de esa manera ejercitamos el músculo de la escritura y conseguimos así una escena escrita que quizá podamos utilizar en un futuro.

Woody Allen, cuanta en el documental “Woody Allen: a documentary” que cuando está fuera de casa se le suelen ocurrir ideas, las apunta en un papel pequeño, cada una de esas ideas en un papel distinto y al llegar a casa los guarda en el cajón de su mesita de noche. 

Cuando acaba de rodar una película, abre el cajón de su mesita, que solo contiene pequeños papeles y servilletas de todo tipo, los vuelca en la cama y los lee uno a uno, de ahí elige la nueva película que va a escribir, guarda el resto de papeles en el cajón, se olvida de ellos hasta la próxima vez que los necesite y seguidamente se pone a escribir su nuevo guion. Así repite este proceso el mismo día que acaba cada una de sus películas.

Escuela de cine

El cine es un compendio de todas las artes, así que cualquier cosa puede ayudar a ese proceso: sonidos, música, fotografías, dibujos, pinturas, la danza…

Una vez esa voz interna te ha hablado es cuando no hay que hacerse muchas preguntas, todavía. Se trata de madurarla. Escríbela tal y como se te ha ocurrido, unas pocas frases que muestren su esencia y déjala reposar. A partir de ahí pasaremos a la siguiente fase que explicaré en otra publicación: SOÑAR LA IDEA.

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